images.jpgEn los últimos años estamos viendo varios referentes femeninos famosos de deportes de contacto en los medios, tales como Gigi Hadid y Demi Lovato. Se dice que el boxeo y similares son deportes muy buenos para las mujeres, pues son altamente aeróbicos, queman grasa, tonifican, marcan músculos sin hacerlos crecer y mil maravillas más. Lo que yo creo de esto, es que sin desmerecer sus beneficios, estos dichos se basan más en un acondicionamiento físico basado en sus propiedades o en sucedáneos como el aerobox. Pues no todo puede ser miel sobre hojuelas en un deporte de pelea, ¿O es muy tonto lo que digo?

Troto regularmente 5 a 7 kilómetros, incluso 10 a veces pues tengo buena resistencia, no así velocidad, desde hace 6 años. He practicado yoga, me gusta ir al gimnasio a hacer máquinas, mancuernas y pesas, también disfruto ejercicios excéntricos o isométricos. Me gusta ver que siempre puedo más. Más rápido, más lejos, más peso, más repeticiones, más flexible o que después de un tiempo me duele menos al otro día o me canso menos. Poder hacer mi día de vida normal post gym me hace sentir #YoPuedo #NadaMeHace.

Quiero aclarar que 1° si bien me satisface el deporte, no soy deportista, si me ves en la calle no tengo un cuerpo fitness, no vivo de ello y por lo tanto no es prioridad: si estoy llena de cosas en la u y trabajo o con temas de vida o familia le bajo la frecuencia e intensidad 2° en el colegio mi mamá conseguía certificados médicos para eximirme de educación física (clase de deportes) porque me bajaba el promedio, no tengo un talento especial ni me ha gustado desde siempre, ser “mala” no es excusa.

En mi afán de, como le he denominado, #SientoMás llegó un punto que sin cambiar el resto de mi vida ni alimentación no veía cambios yendo 2-3 veces por semana al gym entre clases y trotando uno o dos días, yo creo que mi cuerpo se adaptó o no estaba notando cambios aparente (difícil verte cambiar si te ves a cada rato), así que un día con enojo y frustración después de que me cambió la rutina y no me cansé le dije al couch del gym “Vicho, no #SientoMás, no estoy más flaca ni más musculosa, no tengo más fuerza ni soy más rápida, sigo igual…con suerte ahora abro las latas de conserva que antes no podía”. Vicho me miró y me dijo: “Difícil que te veas un cambio si te ves todos los días” y continuó con lo que generará la búsqueda que me lleva a hacer kick boxing “Mira, ellos son deportistas (señalando a dos chicos que entrenan karate y fueron campeones universitarios y unas niñas de la selección de voleibol, que iban los mismos día que yo al gym) vienen acá, entrenan y mejoran, no se ven distintos pero cuando tienen que saltar, saltan más alto; cuando tienen que pegar, pegan más rápido” y ahí me entró la inquietud de hacer algún deporte…pero cuál?

Nunca fui de deportes en equipo, ya no estoy en edad para eso y le tengo miedo a los pelotazos. Soy flexible pero para gimnasia también se me pasó la edad…además soy poco arrítmica y des-coordinada. Las artes marciales en general tienen como filosofía de por medio y para mí una actividad física te apaga el cerebro. Quiero algo que se haga “sólo”, no como el crossfit que es a una hora determinada y todos se felicitan… tener a alguien al lado haciendo lo mismo es como una competencia tácita, que después de un rato va matando tus ganas de competir contigo mismo, sino que ya te centras en otro. Y empezó la moda de los clubes de boxeo, que podía ser entretenido, pero yo no quería desperdiciar la fuerza y flexibilidad de mis piernas, así fue como una ampolleta se prendió y apareció el Kick Boxing.box2

Ya había oído de los “beneficios para mujeres” del boxeo pero sabía que también había dolor y golpes, pues mi mejor amigo hizo boxeo cuando era adolescente. Cuento corto, a penas tuve tiempo y dinero que ahorre para ello, me metí a un dojo de artes marciales y de contacto. Hacen muay thai, mma, karate do, kempo, jiu jitsu, capoeira, judo y kick boxing.

Mi entrenador es maravilloso, no se ríe ni con un camión de payasos. Es muy serio y con cara de enojón. Si no lo conociera, lo veo en la calle y la cruzo (susto). La primera clase me agarró de los hombros fuerte y me dijo TE VA A DOLER, acá la idea es que lo pases bien, pero te va a doler, se te van a moler y a sangrar los nudillos, te van a salir ampollas de agua y sangre y se te van a salir los pedazos de pies una y otra vez hasta que se hagan callos; te van a doler las piernas y los brazos al otro día como si te los cortaran a la mitad, quedarás con moretones y heridas, esto no es un juego y aquí no se viene a adelgazar. Finalizo diciéndome: EL DOLOR ES PARA QUE DUELA.

Ese primer día sudé la gota gorda, nunca había sudado tanto en mi vida… el entrenamiento es de 1,5 horas y mi entrenador lo hace de 2,5 horas #MOTIVADO… tengo la suerte de ir sola a ese horario (porque es en la mañana) o a lo más con dos personas más pero con más experiencia. Para alguien que está partiendo es genial, porque la enseñanza es más personalizada. Fue duro, cansador, agotador, mucho cardio intenso que finalizó aprendiendo golpes básicos y ensayándolos con el saco. Salí llorando, pero me encantó. Ese día en la tarde fui a enfermería porque tenía un pedazo menos de pie… en el sector de los metatarsos (planta del pie pegada a los deditos) se me había hecho una ampolla gigante de 4-5 cm de diámetro que se infló y luego se rompió en el mismo entrenamiento, por el roce con el tatami (suelo como de  goma eva pero más duro), la enfermera me curó y dijo “reposo y mantener seco” para que no se infectara. Al día siguiente los brazos se me cortaban, tomaba un lápiz para escribir y me tiritaba la mano, no me podía ni sentar sin dolor. A la clase programada para esa semana no fui porque no se había sanado el pie.

Desde mi segunda clase efectiva que cada vez quedo menos lesionada, menos adolorida y noto avances en mis movimientos y resistencia. Sigo durmiendo siesta de una hora para reponer energía después de comer post entrenamiento, pero ya no quedo en calidad de bulto. Me gusta sentir que puedo más, que mejoro. #SientoMás. No pienso en competir o fijarme una meta. Todo lo que aprenda y logre es más de lo que tendría si no me lo hubiera propuesto. He salido llorando varias veces por dolor o calambres, soy muy llorona, pero si vuelvo no es de masoquista, es que la sensación de que le estás ganando al entrenamiento es impagable.

Para finalizar, quiero comentar que es una buena experiencia practicarlo, que en el camino se tonifica bastantes lugares que no te imaginabas y rápido, que puedes ganar fuerza y confianza, que sabrás defenderte incluso si es el fin, pero que lo hagan en un buen lugar. Mi entrenador es un gran apoyo físico y psicológico, me entiende y sabe que funciono más con sonidos que con explicaciones técnicas largas, sabe cómo exigirme más físicamente y como aconsejar para sacar emociones cuando el entrenamiento lo requiere. Con otros chicos también he visto que su trabajo gira en 360° y de esa manera logra sacar todo su potencial. Sabe a quién tiene que hacer barras, insultar, reírse de él o con él, ser comprensivo…o la actitud que sea necesaria para sacarte la energía que te falta y la fuerza que te guardas.

Si eliges el Kick Boxing, entrena en un buen lugar, con gente profesional que se adecúe a tus necesidades y por los motivos correctos. Lamento decirte, que dudo que llegues a ser un ángel de Victoria Secret, pero tal vez si seas una campeona de Kick Boxing, o al menos, el entrenamiento se transformará en las horas mejor gastadas y con más gusto de tu semana.

Anuncios